Había llegado temprano a casa, no me apetecía nada especial, solo estaba tumbada en la cama mirando por la ventana el estúpido cable de alta tensión que pasa justo a un metro por el frente y que me limita la vista al cielo. No es el mejor lugar pero no es tan malo, me gusta aquí. Desde que estaba en prepa y este edificio comenzaba a tomar forma yo quería ser parte de él, vivir acá y tener mi propia historia. Ahora que lo he logrado no hay mucho más qué hacer, cumplí mi objetivo y no tenía uno más en especial.
Recordé que en algún punto, cuando salía con aquel sujeto, quería casarme, tener una familia, ya saben, con hijos y todo eso. Mientras mi mente divagaba por esos campos tan escabrosos de mis propios recuerdos, un punzante dolor cruzó apenas por mi estómago y me hizo doblarme casi involuntariamente. No era algo físico, más bien eran todas esas decisiones que al final no se habían concretado y que ahora estaba tan contenta de haber tomado un camino diferente; cada vez que pensaba en ellas tenía una reacción similar, como una barrera, una parte de mí no quería revivirlas. Me di la vuelta y me cobijé con el edredón de estampado marino que me había regalado mi madre.
A mi mente vinieron cosas, momentos vividos después de él pero antes de dejar el mundillo de otakus en el que me había sumergido y recordé a ese chico guapo que tanto me gustaba, y que tanto le gustaba a todas las chicas de la comunidad. ¡Vaya que era atractivo! Me sonreí al atraparme a mí misma pensando en él. Jamás le demostré nada, él jamás supo que me gustaba y que hubo un momento de mi vida en el que quise estar a su lado, menos aún cuando se supo que salía con la administradora del foro. ¡Meh! Me levanté un poco hastiada de recordar, no quería pensar en nada pero era como si mi mente hubiese subido a una montaña rusa donde las memorias pasaban vertiginosamente a mi alrededor.
--¡Mierda! ¡Déjame en paz! -- Lancé una almohada contra la pared, todas mis fuerzas se fueron en ese solo movimiento y me tiré lánguida a la cama otra vez, vencida y deprimida. ¿Cómo una mujer que parecía tan dura y fuerte en el exterior podía ser tan frágil por dentro? Lloré. Las lágrimas caían dolorosas en silencio.
Recordé que en algún punto, cuando salía con aquel sujeto, quería casarme, tener una familia, ya saben, con hijos y todo eso. Mientras mi mente divagaba por esos campos tan escabrosos de mis propios recuerdos, un punzante dolor cruzó apenas por mi estómago y me hizo doblarme casi involuntariamente. No era algo físico, más bien eran todas esas decisiones que al final no se habían concretado y que ahora estaba tan contenta de haber tomado un camino diferente; cada vez que pensaba en ellas tenía una reacción similar, como una barrera, una parte de mí no quería revivirlas. Me di la vuelta y me cobijé con el edredón de estampado marino que me había regalado mi madre.
A mi mente vinieron cosas, momentos vividos después de él pero antes de dejar el mundillo de otakus en el que me había sumergido y recordé a ese chico guapo que tanto me gustaba, y que tanto le gustaba a todas las chicas de la comunidad. ¡Vaya que era atractivo! Me sonreí al atraparme a mí misma pensando en él. Jamás le demostré nada, él jamás supo que me gustaba y que hubo un momento de mi vida en el que quise estar a su lado, menos aún cuando se supo que salía con la administradora del foro. ¡Meh! Me levanté un poco hastiada de recordar, no quería pensar en nada pero era como si mi mente hubiese subido a una montaña rusa donde las memorias pasaban vertiginosamente a mi alrededor.
--¡Mierda! ¡Déjame en paz! -- Lancé una almohada contra la pared, todas mis fuerzas se fueron en ese solo movimiento y me tiré lánguida a la cama otra vez, vencida y deprimida. ¿Cómo una mujer que parecía tan dura y fuerte en el exterior podía ser tan frágil por dentro? Lloré. Las lágrimas caían dolorosas en silencio.
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