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El Rey Blanco

Hubo una vez, hace mucho, mucho, mucho tiempo, en el corazón del plano, existía un gobernante que lo regía. Y nada ni nadie le era equiparable. Era el rey más justo, más bueno, más noble, más considerado para con sus súbditos... era el rey de los sueños de cualquiera. Cuidaba de su pueblo, los escuchaba, aliviaba sus penas y les proveía con lo que necesitaran.


Pero un fatídico día vino la guerra amenazando a uno de los reinos hermanos. Los del Oeste, los azules, respondieron bravos pues su rey era pura voluntad. El buen soberano Blanco prestó su ayuda de inmediato también.


Combatieron contra los enemigos que tenían un poderoso genio rojo. Pero los reyes de ambos ejércitos estaban reacios a dejarse vencer. La voluntad pura del rey del Oeste se enzarsó en una batalla cerrada contra el genio cuando este hirió al rey Blanco.


Los ejércitos de ambos bandos lucharon encarnizadamente, destruyendo sus alrededores a cada estocada. El Rey Blanco cayó muy mal herido y creyendo que sería el fin, recitó su salmo favorito esperando el final con paciencia. Pero lo que llegó fue un hombre alto y flaco, de extremidades largas y músculos correosos, un esclavo cualquiera. Se arrodilló junto al Rey y le ayudó a beber de su cantimplora, diciéndole que solo él podía acabar con ese mal. Le acercó dos objetos de metal y sugirió un exilio planar para el genio. El soberano, a la mitad entre la consciencia y la muerte, murmuró las palabras correctas y garabateó las inscripciones usando uno de los objetos para tallar el otro.


Del suelo comenzó a brotar humo, la temperatura de la arena bajo los pies de los ejércitos se elevó. El Rey Azul abrió los ojos horrorizado. El genio soltó una carcajada terrible, dejó de esforzarse y continuó riendo, burlándose, viendo como él mismo, junto con el Rey Azul, se iban convirtiendo en arena poco a poco.


El Rey del Oeste abandonó a su enemigo y fue en busca de su compañero, encontrando los objetos metálicos y al sirviente a su lado. El gobernante Azul amenazó al hombre con arrancarle la cabeza con sus propias manos si no le decía qué había sucedido, a lo que le respondió suplicando piedad y confesando que el Rey Blanco los había salvado. El soberano lo soltó ordenándole buscar ayuda para trasladarlo a la Ciudadela de las Datileras. El esclavo se apresuró a llamar a los soldados.


Mientras, el Rey Azul se arrodilló junto a su compañero y le murmuró una promesa al oído al tiempo en que se desvanecía convirtiéndose en arena que se llevó el viento helado de la madrugada desértica.


Cuando lo que quedaba de ambos ejércitos llegaron a la Ciudadela ya era de mañana y los habitantes del lugar hacían el recuento de los daños. Los que vieron pasar al Rey Blanco, enmudecieron de terror durante meses, pues la visión de aquello era la de un mensajero divino caido en batalla a manos de demonios. Era una escena desgarradora.


La Princesa Roja, gobernante del Valle y sus alrededores, recibió a su hermano, el Rey Blanco. Apenas se supieron solos, este se quebró en sus brazos; confesando que él había ocasionado la caída del Rey Azul y ahora su corazón no volvería a estar en paz.


Se dice que, apenas tuvo la fuerza, el Rey Blanco se retiró al desierto profundo, desde donde gobierna tanto a su gente como a la gente Azul, protegiéndoles también, como una manera de enmendar un poco sus acciones. Y es por eso que este plano se ha vuelto tan falto de esperanza pues el corazón del Collar de Perlas se rompió aquella madrugada y con él, el poder de la magia onírica quedó fracturada.


Si el Rey Blanco escuchó verdaderamente lo que su compañero le dijo antes de desvanecerse; o de qué se trataba esa promesa, nunca lo sabremos...


En realidad tampoco sabemos si era o no una promesa de verdad. Dijo el pequeño Miguelito a su Tita entre bostezos.

La anciana mujer sonrió.

Entonces ¿qué crees que le dijo?

¿Uhm...? No lo sé... pero si un día me topo con el Rey Blanco, seguro se lo preguntaré.



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Este cuento de hadas / mito, se cuenta en los pueblos originarios de varias culturas no solo como uno muy muy antiguo, sino también para explicar por qué se requieren grandes cantidades de energía onírica para hacer cualquier cosa, pues solo se puede aprovechar poco menos de una tercera parte de lo generado.


También por esto es que alguien que puede manejar los sueños a su voluntad, aunque sea de manera parcial (creando o cambiando objetos y/o constructos) son considerados muy poderosos.



Última edición real:

16 de enero 2023


#DreamCatchers

#CollarDePerlas

#ReyBlanco

#ReyAzul

#PrincesaRoja

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