Ir al contenido principal

Proyecto AUV Día 9

Esta mañana trajeron los dulces para hacer los bolos que se repartirán el día del torneo de pesca infantil, según. Y no más prometieron que nos pondríamos a hacer los paquetes pero nada porque no había bolsas, y cuando las trajeron nos pusieron a cortar y pegar etiquetas.

Estuve con mi novio la mayo parte del día, aunque él estuvo ocupado un rato hablando con un amigo suyo que estaba atrapado en Bangkok. Mientras él se encargaba de escuchar a su amigo, yo cortaba y peagaba etiquetas y pensaba en una pregunta que me ha hecho él un par de veces, esa que no es cualquier pregunta sino LA PREGUNTA, me hace ilusión pero a la vez pienso que no debo tejerme castillos en el aire, ya lo hice una vez y no resultó bien. Sé que él es diferente, que me quiere y quiere que yo esté bien, y si de paso elijo quedarme con él para siempre, será muy feliz. Yo quiero que él sea feliz y confieso que la idea de quedarme con él no me desagrada para nada, pero aún me da miedo dar una respuesta... quizá solo son mis paranoias las que me detienen.

Estuve pegando etiquetas hasta tarde, quizá hasta las 6pm o algo así, y mi novio se fue un poco antes que yo a dar una vuelta por la ciudad, tenía muchas ganas de comprar chunches y juguetes para transformar y, en cualquier caso, echarlos a perder, pero el objetivo era experimentar y divertirse.

***

Más tarde Karen salió a correr con Issa y Marina, y yo me quedé y pude usar su mini lap un rato, aunque mi novio seguía sin aparecer, le escribí un mail confesándole las ganas que le tenía y que de todas maneras me iría pronto pero igual quería que lo supiera. Cuando finalmente llegó se puso a decirme toda clase de cosas subidas de tono, fue incómodo por el lugar pero a la vez muy agradable y divertido. Él sabe cómo hacerme sentir bien.

Fin Día 9

Comentarios

Entradas populares de este blog

1. Primer día

El pequeñísimo departamento estaba desolado cuando Amelia llegó por la noche. Aún con toda la austeridad con la que vivía, se sintió afortunada. Fue directo a la habitación, se sentó en la cama dejando de lado el bolso para marcar un número en su celular.  —¡Marian, me dieron el empleo! ¡Tenemos que festejarlo! —Habló entusiasmada. La chica del otro lado del teléfono le dijo algo que le cortó toda la emoción. —Oh... sí, entiendo. No, no te preocupes, ya será luego. —Sonrió un poco triste y colgó dejándose caer hacia atrás en la cama. Fue entonces que el silencio la hizo regresar a la realidad, esa realidad en la que se encontraba sola y miserable. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla, y ella la dejó libre, no era necesario que se avergonzara, ni tenía que guardar apariencias. Ahí no había nadie. Se puso de pie y tomó su bolso para rebuscar en él su libreta que hacía las veces de agenda. Escribió lo que le hacía falta a ese lugar tan deprimente para poder com...

El Rey Blanco

Hubo una vez, hace mucho, mucho, mucho tiempo, en el corazón del plano, existía un gobernante que lo regía. Y nada ni nadie le era equiparable. Era el rey más justo, más bueno, más noble, más considerado para con sus súbditos... era el rey de los sueños de cualquiera. Cuidaba de su pueblo, los escuchaba, aliviaba sus penas y les proveía con lo que necesitaran. Pero un fatídico día vino la guerra amenazando a uno de los reinos hermanos. Los del Oeste, los azules, respondieron bravos pues su rey era pura voluntad. El buen soberano Blanco prestó su ayuda de inmediato también. Combatieron contra los enemigos que tenían un poderoso genio rojo. Pero los reyes de ambos ejércitos estaban reacios a dejarse vencer. La voluntad pura del rey del Oeste se enzarsó en una batalla cerrada contra el genio cuando este hirió al rey Blanco. Los ejércitos de ambos bandos lucharon encarnizadamente, destruyendo sus alrededores a cada estocada. El Rey Blanco cayó muy mal herido y creyendo que sería el fin, re...

3. Irremediablemente

Halloween había pasado más rápido de lo que le hubiera gustado. El tiempo de cosechar se había acabado y el invierno comenzaba a azotarle el corazón. Diciembre se había ido como agua mientras que enero  se sentía eterno. Amelia se había vuelto más distante con sus compañeros de la radiodifusora, limitándose únicamente a hacer su trabajo sin meterse demasiado con nadie. Todo el día aislada en la cabina de controles asegurándose de que nada fallara, con tiempos perfectos y agudeza en los efectos de sonido ocasionales en los programas que tenía permitido. Incluso había colaborado para hacer las grabaciones de la cortinilla de entrada del nuevo programa “Desde mi balcón” de uno de los restauranteros del puerto y que además era parte del patronato que mantenía a la Universidad del Puerto en excelentes condiciones. Cada tarde, al llegar el chef y comenzar a hablar, Amelia se cuestionaba si en verdad estaba completa, si le llenaba estar ahí sentada frente a tantos botones. Era su momento...