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De esas casualidades de la vida

Siempre me había preguntado a qué rayos se dedica la bonita, es decir, ser bonita no te da de comer... bueno en ocasiones sí, pero no hablo de eso. Ella siempre se ve hermosa, con sus vestidos llenos de vuelo, y sus sombreros de playa, o los tacones tan femeninos, es como yo pero ella definitivamente es más sencilla en sus gustos. Pero bueno, he tenido que ir a este centro de impresión por unos carteles que bien nos pudieron imprimir en el departamento de Difusión, pero no, querían mandarme a volar un rato y allá fui.

Hacía un calor infernal y la pregunta que hacía saltar la vena de mi sien era ¿por qué rayos tiene que ser específicamente ese lugar? Yo había trabajado ahí antes y estaba feliz de haberme librado del patán del patrón. No era odio solo resentimiento por tantas promesas sin cumplir.

Era hora de la comida así que solo había dos chicas atendiendo, una parecía un bombón que ha estado cerca del fuego un rato y comienza a derretirse, ya saben con ese aspecto simpático y lamentable. Y la otra demasiado fashion como para llevar ese binnie, simplemente no le quedaba bien, le hacían falta accesorios. Tomé un turno del dispensador, el 73. Habían, al menos, unas doce personas antes que yo así que busqué sentarme en la banca a observar el lugar. Seguía con los mismos colores deprimentes y fue entonces que vi el sol entrar radiante por el pasillo  que daba al área de Diseño, era la Bonita, tan hermosa en su uniforme simplista pero que en ella lucía espectacular: una polo negra con el logo de la empresa, y ella lo había coronado con un pantalón rojo y un par de botas de batalla, con una linda pulsera y su cabello un poco revuelto como siempre. Preciosísima. Entró en el área de digital y se dirigió a las chicas que habían estado atendiendo, luego dio un paseo por el cuarto de impresión y regresó para teclear un momento en su computadora. Vi en sus ojos la paciencia comenzar a esfumarse, lo siguiente fue el beep del timbre que anunciaba un nuevo turno. El cliente con el número ganador se acercó a la ventanilla donde la bonita ya lo esperaba con una sonrisa. A partir de ahí todo fue vertiginoso, la bonita estaba atendiendo a tantos clientes tan rápido que cuando me di cuenta ya estaba yo en su ventanilla.
-- Hola. -- sonreí torpemente. Ella me devolvió la sonrisa con amabilidad.
-- ¿En qué te puedo servir?
-- Necesito unos posters, Bonita.
Ese mote le hizo mirarme con detenimiento, su sonrisa se ensanchó y sus mejillas se colorearon un poquito.
-- Pensé que imprimían todo en Difusión.
-- Sí, yo también.
En ese momento un tipo se acercó a ella y se quedó de pie ahí, a su lado. Ella no se inmutó. Yo inmediatamente sentí los celos tan clásicos en mí cuando alguien, que no fuera Matías, se acercaba a ella. Me apoyé en el mostrador con coquetería y le sonreí al tipo.
-- Hola. -- Saludé con la voz de locutora sexy que lo hizo sentir incómodo, pude verlo en sus ojos. La Bonita me tomó la USB para conectarla en su computadora. El sujeto  me miró.
-- Buenas tardes. -- Trató de impresionarme también con seriedad en la voz.
Indiqué a la bonita el archivo con un sencillo "dame una muestra en papel delgado". Mientras ella iba a poner el papel en la máquina yo le declaré la guerra al sujeto.
-- Ella te gusta. -- Dije en voz baja.
No la había visto venir.
-- ¿Eres su pariente?
-- Los parientes se conocen poco. Yo, en cambio, sé de qué color son las panties que trae hoy.
Lo agarré en curva, no esperaba una respuesta así. No se si tenía algo qué decirme porque la bonita me traía la muestra ya.
-- ¿Cómo lo ves? -- Preguntó de pie con la rodilla apoyada en la silla.
-- Está perfecto, bonita, vamos a necesitar unos cincuenta en total.
El sujeto se retiró.
-- Oye, nena, si no es indiscreción, ¿qué es ese sujeto de ti?
-- Nada, -- dijo casual. -- Es un compañerito de trabajo, ¿por?
-- Te cela más que yo, y mira que eso ya es decir mucho.
Ella se sonrió con naturalidad.
-- Si quieres hablamos en la noche.
-- Me encantaría, ¿qué te parece si encargamos algo rico de algún restaurant fancy y cenamos en la azotea?
-- ¡uff! Maravilloso.
-- Tenemos una cita, preciosa.

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