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8 EL JUEZ (THE JUDGE)

El principio de autoridad debe permanecer fiel a los dictámenes de sus valores.


Cerca de las diez treinta Gloria, Natael y Gabriel volvían a casa, caminando a paso tranquilo pues Gabriel ya se veía cansado y apoyaba su cabeza contra el hombro de su amigo.
— ¡Ah! ¡Hoy hay que cenar tacos! — Exclamó el moreno muy animado.
— No sobraron tortillas de la tarde así que si quieres tortear entonces cenemos tacos. — Habló Gloria sonriendo, sabiendo la respuesta de antemano.
— Ah bueno, a lo mejor podríamos cenar algo distinto, como… no sé… — hizo una breve pausa y enseguida habló en tono meloso. — ¿Qué vamos a cenar, madame?
Gloria fijó su mirada en su hijo y soltó una breve risita.
— ¡Ay, hijo! Nunca vas a cambiar.
Aún les quedaban algunas cuadras y el camino en línea recta les llevaba a pasar forzosamente por el parque, por lo que Gabriel se ocultó todo cuanto pudo para que no lo vieran. Por otra parte, Natael observaba el lugar, todo estaba muy tranquilo, demasiado, tal vez, y le pasó por la mente que a lo mejor estaba ocurriendo algo grave, claro, de lo contrario ¿por qué no se veían los emo? ¿Por qué no había ni un skate a la vista? y muy especialmente ¿dónde estaban los vampiros?
Cruzaron la calle y el parque quedó atrás pero el moreno se llevó consigo un mal presentimiento.
— ¿Qué pasa, hijo?
—… No, no es nada. — Natael guardó silencio un instante, luego desvió su mirada hacia el muchachito rubio que caminaba a su lado y lo observaba fijamente, tratando de decirle algo con la mirada.
Gloria se detuvo en seco al escuchar el correr de alguien que está desesperado. En la oscuridad de la calle se distinguió una silueta que fue a abrazarse de Natael.
— ¡Mensajero! — Le abrazó con fuerza, como náufrago a una tabla.
Gabriel se sorprendió pero al instante guardó compostura mientras Gloria no sabía qué hacer.
— ¡Tienes que ocultarte! ¡Las calles se han vuelto peligrosas!
— Brandy, calma. ¿Qué pasó? ¿Dónde están todos? ¿Dónde está Kain?
Gloria se quedó observando la pinta tan rara de la jovencita, ya había escuchado antes ese nombre peculiar cuando había hablado con su hijo acerca de sus nuevos amigos.
— No sé no sé no sé… — la vampireza murmuró desesperada.
— Tranquila.
— ¡No es seguro aquí!
— Brandy, si no me dices qué está pasando no podré ayudarte.
— No sé cómo pasó… todo fue caos en un segundo, Kain me empujó y Baxter me llevó calle abajo. — Respiró y soltó a Natael para verlo a los ojos. — Mensajero, creo que se ha desatado una guerra.
Gabriel jadeó y se llevó las manos a la boca con la expresión de desconcierto y un poco de miedo. Tomó a Brandy por el brazo y, con la mirada, le preguntó si era verdad lo que decía.
— Está pasando otra vez, — contestó ella. — pero hoy no tenemos al Príncipe ni a Anubis para que apacigüen a los agresores. Bestia, debes ocultarte, estás en peligro.
Pasos accidentados se escucharon por la espalda y Natael se dio la vuelta al instante.
— ¡¿Qué demonios hacen aquí?! — Kain tomó a la jovencita por el brazo y empujó al mensajero con tanta fuerza que casi le hace caer. — King viene tras de mí con Paco y el Espantapájaros. — No dijo más y se perdieron en las sombras.
El rubiecito tomó a Gloria por la muñeca y huyó con ella.
Natael se quedó sin saber qué estaba pasando pero al ver que Gabriel doblaba la esquina calle arriba comenzó a correr también.
— ¡Ahí está uno! — escuchó y reconoció la voz de Paco a sus espaldas y continuó el trayecto calle abajo. Paco le dio alcance rápidamente.
— ¡No estás hecho para esto, como todos los vampiros! ¡Eres lento! — empujó al mensajero y le hizo caer, enseguida le propinó una fuerte patada en la espalda. — Así que eres tú… — habló con ironía. Apoyando la rodilla en la espalda de Natael y jalándole de los cabellos para que levantara la mirada. — La verdad no tenía idea de quién eras pero ya que estamos hay algo que quiero que te quede claro. — Se acercó despacio y habló cerca del oído de su víctima. — El bomboncito es mío, he esperado mucho para tenerlo y no me lo va a venir a quitar un vampiro novato, ¿me entiendes?
Natael trató de levantarse pero el punk le estrelló la cara contra el pavimento.
— ¡Pregunté si me entendiste, imbécil! — Gritó enfadado. Se puso de pie y al ver que el vampiro no se movía simplemente dio media vuelta dispuesto a volver a la calle principal. — Si tú estás aquí, entonces Gabriel está solo. — sonrió y emprendió el camino.
Natael se sentó y se tomó un momento para recuperarse del impacto, se limpió la cara con la manga de la camisa y se puso de pie. Anduvo tambaleándose por un par de minutos y repentinamente reparó en las últimas palabras de su agresor “Gabriel está solo”, pero Gabriel no estaba solo, estaba con Gloria y eso era aún peor. Corrió con desesperación calle arriba, tenía que encontrarlos antes de que Paco o alguien más los encontrara, pero pronto lo encontraron dos tipos que sólo reconoció como secuaces de Paco y le persiguieron.
De la oscuridad salió una mano que lo arrastró y lo pegó a la pared ocultándolo de la tenue luz de la luna. Forcejeó un momento y, al sentir que el par de punks que lo habían estado siguiendo pasaban de largo, se quedó quieto, luego reconoció a la pequeña figura que lo había salvado. La Princesa miró la calle y se aseguró de que estuvieran a salvo.
— Esa estuvo cerca.
— Me salvaste. Gracias.
La muchachita sonrió.
— No te preocupes, somos aliados, ¿no te acuerdas?
Natael esbozó media sonrisa con dificultad.
— ¿Qué fue lo que pasó? ¡¿Has visto a Gabriel?!
— Sí, estaba con una mujer. Le di órdenes de encontrarnos en el Santuario, es el único lugar que sé que es seguro y al que ellos no se atreverían a subir. — hizo una breve pausa al tiempo que tomó la mano del joven. — Sólo estaba esperándote, ahora iremos a allá. Sé cuidadoso y lo más silencioso que te sea posible. — Reprendió y caminaron un poco más en la tenue luz que brindaba una solitaria farola. — Ésta es la última luz que verás en la calle.
Natael se quedó en silencio y siguió caminando de la mano de la Princesa quien subía las escaleras que llevaban a calles laberínticas. Estaban subiendo el cerro, la parte más oscura de la ciudad, no había farolas, como había anunciado la jovencita, únicamente estaban las luces de las casas que, en su mayoría, se hallaban apagadas.
Subieron por largo rato hasta pararse frente a una puerta con rejas adornadas con cruces y flores negras metálicas que le daban un aspecto más tétrico de lo normal. Las cortinas estaban corridas y no se veía ni una luz. La Princesa alargó el brazo por entre las cruces y alcanzó una aldaba en forma de cabeza de cuervo la cual usó para llamar a la puerta. Se abrió una puertecita y un par de ojos fríos los observaron un momento para luego volver a cerrarse y abrir la puerta y el cancel para dejar pasar a los recién llegados. Dentro estaban casi todos los vampiros, varios emo y uno que otro skater. No había bombillas encendidas, únicamente velas en viejos candelabros y otras paradas con su propia cera, esparcidas por toda la estancia.
Sin previo aviso Gloria se abrazó de su hijo, estaba muy asustada.
— ¡Madre!
— Natael, ¿dónde estabas? — murmuró. En el acto notó los golpes en el rostro de su querido hijo. — ¡¿Qué te pasó?!
— Me alcanzaron, pero estoy bien.
— Quiero saber qué está pasando y luego volver a casa. — trató de sonar lo más calmada posible.
— Yo también.
— Imposible. —Resonó tranquila la voz grave y sensual del líder de los vampiros y todas las miradas se posaron sobre él. — No saldrás de aquí hasta que despunte el alba. Esbirros y depredadores aguardan por una solitaria presa, como ya te diste cuenta, según veo, no son nada compasivos.
— Kain tiene razón. — Odín habló desde la cocina donde una muchacha le estaba curando una herida en el brazo derecho. — Las calles son peligrosas en este momento, y más para ti y para la Bestia.
— No entiendo por qué. — el mensajero entendía bien eso pero quería más detalles, debía saber por qué había sido todo tan repentino.
— Mira, muchacho, no trates de hacerte el héroe, no es saludable. Paco te quiere a ti, sabe que tú eres el elegido por la Bestia para que lo proteja, por eso quiere eliminarte.
— Lo que dices carece de sentido, si hubiera querido me habría matado, tuvo la oportunidad y no lo hizo.
El líder de las razas negó con paciencia.
— No entiendes, simplemente matarte no es divertido para él. Quiere hacerte sufrir, quiere que supliques por tu muerte, que te humilles. Para eso tiene que capturar a la Bestia primero.
El hijo de Gloria reaccionó entonces.
— ¡¿Dónde está Gabriel?! — La mujer señaló a uno de los viejos sofás, el más oculto entre las sombras donde el jovencito rubio estaba siendo atendido por Brandy que le limpiaba las múltiples heridas en la espalda y los brazos.
Natael se acercó a su amigo y le acarició los cabellos.
— ¿Está bien? — preguntó a Brandy quien asintió levemente sin descuidar su tarea.
— Sólo fueron algunos rasguños leves, no te preocupes.
— Hijo, — Gloria se acercó también. — Tengo que volver a casa, Francisco quedó de ir a cenar con nosotros. Iba a ser una sorpresa pero… — No terminó la frase, simplemente inconclusa se daba a entender.
Entonces el mensajero se acercó a Odín y habló ante él con toda la seguridad que pudo reunir.
— Gran Maestro, disculpa mi desobediencia pero esta vez no puedo acceder a quedarme aquí, alguien nos espera en casa. Debo llevar a mi madre.
— Sabe que al salir del Santuario te arriesgas a que te masacren. Ahora es sólo tu decisión pero piénsalo bien.
— Y si, como imagino que harás, decides que el viaje es realmente necesario, yo te protegeré. — Kain se puso de pie y caminó hacia la puerta.
El joven mensajero sonrió y tomó la mano de su madre.
— Nos iremos ahora.
Su líder hizo una breve reverencia, abrió la puerta y salió seguido por Natael y Gloria. Brandy y Gabriel corrieron para reunirse con ellos.
— ¡También iremos! No puede arriesgarse a volver solo. — se justificó la muchacha.

Silenciosamente bajaron el cerro a trompicones de Natael y Gloria, los demás se movían con gran destreza. Al llegar a la farola que anunciaba que las calles más transitables comenzaban ahí, fueron con más cuidado, atentos a cualquier señal que el enemigo pudiera dar. Con cautela se acercaron a la casa, la mujer abrió y entraron, no así Kain y Brandy quienes dieron media vuelta y caminaron de regreso, calle arriba, ocultándose entre las sombras, no sin antes desearles lúgubres noches.
— Espero una muy buena explicación. — reprendió Gloria muy molesta.
— Ellos eran Kain y Brandy, son mis amigos.
— ¡Tus amigos son pandilleros, ¿lo sabías?!
— No son pandilleros, y no tiene caso que intente explicarte ahora. Mejor hablamos mañana, necesito pensar qué ha sido todo eso. — Habló mientras se perdía escaleras arriba seguido por Gabriel quien hizo una seña para que la mujer no se preocupara.

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