Ir al contenido principal

Segunda Oportunidad - Capítulo 2

Estaba oscuro, muy oscuro aún, era de madrugada ¿qué tan temprano? Lo desconocía. Abrió los ojos, Marisa estaba hecha un ovillo contra ella, tapada con la capa y con una gruesa cobija. La joven madre sonrió tranquila al ver a su pequeña durmiendo plácidamente. La hora de levantarse debía estar próxima así que decidió que era mejor dejar de fingir que descansaba, ya no podría volver a dormir. Quiso moverse, quiso estirar su cuerpo, pero no pudo. Entonces reaccionó, había un peso sobre ella que pasaba por su cintura y la asía inmovilizándola. Su corazón se aceleró y fue consciente de la respiración acompasada que golpeaba contra su hombro.

Se puso rígida, tenía miedo de sentir tan cerca a cualquier hombre, le parecía desagradable. Sin embargo,  extrañamente, en poco tiempo se relajó y comenzó a sentir esa lejana sensación de protección, de tranquilidad. Cerró los ojos y acarició el brazo de aquel hombre al que salvara de morir, suspiró y volvió a sumirse en un profundo sueño.


El constante golpetear de la puerta le hizo despertar repentinamente. Se levantó como un resorte sin dejarse hechizar por el aroma masculino que la envolvía. Se vistió rápidamente, tomó su bolso y atendió la puerta aún con el cabello despeinado.

— ¡Señora Springmoon! — El hombre que había estado llamando a la puerta no era otro que Robert, el cochero de la casa grande, quien la llevaba cada mañana y cada noche durante el trayecto de su pequeño departamento a la casa grande y viceversa.

— Lo siento, Robert, creo que me quedé dormida… — se disculpó ruborizada.

— Esto no suele pasar, ¿Marisa se encuentra bien?

— Sí, ella está mejor ahora, es que anoche tuvo mucha fiebre… — se inventó.

— ¿Está bien que la deje sola? Quizá debería traerla a la casa, los patrones no se enterarán, se puede quedar en la cocina…

— ¡Oh! No será necesario, ella está mucho mejor, además está dormida, no quiero despertarla y mucho menos sacarla al frío de la mañana.

— Tiene razón. Vamos, es tarde.


 ~ o ~


Un suave repiqueteo se escuchó en la suntuosa habitación del ala Este de la enorme mansión que era conocida por todos como La Casa Grande. La puerta se abrió despacio y la joven señora Springmoon entró sigilosamente. Descorrió las cortinas del ventanal para dejar que la luz del sol inundara la pieza, volvió a salir para recoger la bandeja con el desayuno que había dejado en la mesita de afuera y la fue a poner sobre el escritorio, con el debido cuidado hacia los papeles que se encontraban desordenados sobre él. Se acercó a la cama con dosel y abrió la tinta tela aterciopelada lo suficiente como para meterla mitad de su cuerpo y alcanzar a la persona que allí dormía. Le alcanzó el brazo y lo movió suavemente. Se escuchó un gruñido que era la señal de que debía alejarse pero no fue lo suficientemente rápida. En el acto sintió cómo era halada hacia la cama con una fuerza tal que la sobresaltó. Sin saber cómo, se encontró apresada por los fuertes brazos del hijo mayor del hombre para el que trabajaba.

— Buenos días, le traje el desayuno. — Sonrió como hacía todos los días, disimulando sus miedos.

— Me parece excelente porque me muero de hambre. — Sonrió el hombre acercándose más a ella.


 ~ o ~


— ¿Cuál es tu nombre?

Al abrir los ojos se encontró con esa suave pregunta de parte de la niña sentada a su lado, mirándolo fijamente. Se sobresaltó, ¿lo estaba mirando a él? Pero era ciega ¿o no? Se la quedó mirando también fijamente. Los ojos de la niña se desviaron suavemente y pareció desenfocar la mirada y volver a fijarla en algún punto en la nada.

— ¿Marisa?

— ¡Está despierto! — Sonrió. — El reloj ha cantado las once hace rato. — Meditó un poco. — No he podido encontrar nada para comer, mamá debió olvidarse… ella siempre deja el desayuno listo pero hoy no lo encuentro… y tengo hambre…

— No te preocupes. — Se sentó tallándose su único ojo libre de vendajes. — Encontraremos algo… — volvió a mirar a la niña, ella se tomó el cabello y comenzó a trenzarlo distraídamente.

Al poco rato, él y Marisa caminaban de la mano por las calles en busca de algún lugar donde conseguir un buen desayuno por unas pocas monedas. Se había encontrado un poco de dinero en uno de los bolsillos de su camisa que había permanecido olvidada, colgada tras la puerta.

— Hay mucho ruido… — murmuraba la niña mientras caminaba despacio al lado del hombre. — Tengo miedo de caer…

— No tienes nada qué temer, mientras estés conmigo no te pasará nada. — Hizo una pausa durante la cual levantó a la niña y la cargó para que no pisara un charco.

— ¡¿Qué pasa?!

— Tranquila, sólo era agua sucia en el piso. Las calles están llenas de cosas sucias pero es importante que aprendas a moverte en ellas.

— Oh, bueno.

— Ahora, ahí parece haber algo bueno…

Entraron a una posada y se acercaron a la barra. Él preguntó acerca de lo que podían comer con las monedas de las que disponían y resultó ser una buena comida para ambos. Marisa probó por primera vez el caldo de res y confesó que le gustaría volver a comerlo algún día.

— Cuando esté en condiciones de trabajar y pueda ganar dinero, te volveré a traer, ya verás.

— Sería muy agradable. — Sonrió mirándolo con agradecimiento. Ahí estaba otra vez esa sensación de que ella lo podía ver.

— ¿Marisa?

— ¿Qué pasa? — desvió la mirada mientras se rascaba el brazo.

— En la mañana… ¿me preguntaste mi nombre?

— No. Escuché que usted no podía recordar nada.

— Y así es…  Es que juraría que escuché que me preguntaste mi nombre.

— No pude haberlo hecho, — sonrió. — mamá dijo que debía darle tiempo y no presionarlo.

Él fijó su mirada en ella. Sacó de otro bolsillo de la camisa un libro pequeño, como un pasaporte, lo abrió y observó su contenido.

— Quizá algunas pistas me podrían ayudar un poco… — Cambió la hoja, había un nombre y un apellido apenas legible, la tinta se había corrido, parecía haber estado mojado. — Winter…

— ¿Winter?

— Tenemos que volver a casa, no queremos que el casero se dé cuenta de que saliste.

 

Comentarios

Ryuu ha dicho que…
Que pro... :P

¿Winter, eh? ¿Será acaso que se llamará Wintersun? xD

¿Y qué tal el hijo del patrón?

La respuesta a todas estas preguntas, en el siguiente capítulo... (Con suerte... >__<)

Saludos, preciosa... Está genial la historia... :)
Manuel.! ha dicho que…
Waaaaa casi tres meses esperando el tercer capitulo.!!! Me haces esperar mucho para ser tu fan numero uno :( jeje un beso cuidate y aigue escribiendo jeje que aqui hay gente que espera esas publicaciones

Entradas populares de este blog

1. Primer día

El pequeñísimo departamento estaba desolado cuando Amelia llegó por la noche. Aún con toda la austeridad con la que vivía, se sintió afortunada. Fue directo a la habitación, se sentó en la cama dejando de lado el bolso para marcar un número en su celular.  —¡Marian, me dieron el empleo! ¡Tenemos que festejarlo! —Habló entusiasmada. La chica del otro lado del teléfono le dijo algo que le cortó toda la emoción. —Oh... sí, entiendo. No, no te preocupes, ya será luego. —Sonrió un poco triste y colgó dejándose caer hacia atrás en la cama. Fue entonces que el silencio la hizo regresar a la realidad, esa realidad en la que se encontraba sola y miserable. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla, y ella la dejó libre, no era necesario que se avergonzara, ni tenía que guardar apariencias. Ahí no había nadie. Se puso de pie y tomó su bolso para rebuscar en él su libreta que hacía las veces de agenda. Escribió lo que le hacía falta a ese lugar tan deprimente para poder com...

El Rey Blanco

Hubo una vez, hace mucho, mucho, mucho tiempo, en el corazón del plano, existía un gobernante que lo regía. Y nada ni nadie le era equiparable. Era el rey más justo, más bueno, más noble, más considerado para con sus súbditos... era el rey de los sueños de cualquiera. Cuidaba de su pueblo, los escuchaba, aliviaba sus penas y les proveía con lo que necesitaran. Pero un fatídico día vino la guerra amenazando a uno de los reinos hermanos. Los del Oeste, los azules, respondieron bravos pues su rey era pura voluntad. El buen soberano Blanco prestó su ayuda de inmediato también. Combatieron contra los enemigos que tenían un poderoso genio rojo. Pero los reyes de ambos ejércitos estaban reacios a dejarse vencer. La voluntad pura del rey del Oeste se enzarsó en una batalla cerrada contra el genio cuando este hirió al rey Blanco. Los ejércitos de ambos bandos lucharon encarnizadamente, destruyendo sus alrededores a cada estocada. El Rey Blanco cayó muy mal herido y creyendo que sería el fin, re...

2. Encuentros

Amelia se encontraba cuidando los controles durante El Taxímetro cuando en la cabina entró el más alto de los jóvenes y le ofreció un vaso de café. — Gracias pero me temo que no está permitido introducir líquidos a la cabina de controles. — Dijo tranquilamente volviendo a acomodarse los auriculares. —¡Tonterías! No puedes pasar el día entero sin beber nada. —La voz grave hizo que lo reconociera como la estrella de Radio UP, la voz de la que todas las chicas estaban enamoradas. —¿Eres Kuz? —Preguntó y al instante se sintió idiota. El muchacho le devolvió una sonrisa chueca. —Sí, así me llaman. —Lo siento, todos deben preguntarte lo mismo. Él hizo un ademán para quitarle importancia. —Considera el café, ¿quieres? Salió de la cabina dejándole el vaso. Amelia se sintió morir de vergüenza. Procuró continuar con su trabajo hasta que la curiosidad le ganó y abrió el vaso para revisarlo. Como sospechaba, era café con leche. Odiaba la leche. Al final del programa entró Mar...