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5 EL ADIVINO (THE MAGICIAN)


El adivino enseña a gobernar el poder personal.

 

La tarde cayó sin que nadie se percatara, la lluvia había pasado a ser una simple brisa veraniega, refrescante y agradable que animaba más a los emo a juntarse unos con otros para darse calor entre sí.

Natael llegó al parque vestido totalmente de negro con una gabardina del mismo color y una extraña sensación de vacío.

— ¡Natael! — Lo llamó Brandy desde la entrada al estacionamiento subterráneo del parque.

— Brandy, qué gusto. — Se apresuró a cruzar la calle y se reunió con su amiga. — Oye, por pura casualidad, ¿has visto a Gabriel?

— ¿A Gabriel? Pues ¿que no se supone que tú lo ibas a cuidar?

— Sí pero su padre fue por él y se lo llevó a mediodía. Gabriel dijo que vendría y que no debía preocuparme, pero ya ves.

— Ah, ese chico sabe cuidarse solo, no te angusties, mejor vamos a reunirnos con los demás. La Princesa no ha llegado todavía así que aún hay tiempo para que Gabriel llegue.

— Bueno.

Sin demora se reunieron con el resto de vampiros que habían llegado temprano, entre ellos estaba Baxter jugando con sus diábolos muy contento.

— ¡Yo! — saludó Brandy. — ¡Lúgubres noches, hermanos!

Los vampiros saludaron de la misma manera, sumidos en sus tareas. Natael saludó apenas alzando la mano.

— Ya te dije que todo va a estar bien.

— Eso espero…

— No conoces bien a la Bestia, por eso estás preocupado.

— Y tú lo conoces bien ¿no?

— Mejor que tú, sí, creo que sí. — Brandy hizo una pausa y se sentó en la banca seguida de Natael. — Ese niño llegó aquí hace tiempo… — sacó cuentas con los dedos. — creo que ya van para cuatro o cinco años, no estoy segura. Yo también iniciaba en esto. Para entonces el señor Kain acababa de recibir el trono de los vampiros.

Baxter lanzó los diábolos muy alto y cayeron estrepitosamente contra el piso.

— No sé mucho de lo que pasó en ese entonces. A pesar de que las cuatro razas estaban unidas, se tenían problemas internos como en cualquier lado.

— ¿De qué hablan? — se acercó Baxter dejándole los diábolos a una chica con blusa de seda negra y pantalones ajustados en el mismo color con estoperoles plateados.

— De cuando llegó la Bestia al parque. Baxter, tú ya estabas aquí para entonces, ¿no?

— Sí. Yo llegué aquí antes que tú, todavía me tocó la generación violenta, cuando los vampiros no se mezclaban con ninguna otra raza.

— ¡¿Tú viste cuando coronaron al señor Kain?!

— Sí, tuve el honor de estar en primera fila.

La Bestia llegó aquí por la Princesa, ¿no?

— Mm… — Baxter meditó la respuesta un segundo. — La verdad no sé. Lo que sí te puedo asegurar es que desde siempre ha sido su consentido.

— ¡Lúgubres noches, mis amados vampiros! — saludó Kain inundando el ambiente con su elegante tono de voz.

Los vampiros saludaron con respeto.

— ¡Señor! — Brandy se acercó a Kain.

— ¿Qué pasa? ¡Ah! Veo que nuestro mensajero no mentía cuando ayer dijo que volvería.

— Kain… señor… um… Natael no sabía cómo dirigirse al líder de los vampiros.

— Déjalo en Kain, no es necesario tanto protocolo.

— Bien.

— ¿Ya llegó la Princesa?

— Aún no. — se apresuró a decir Brandy.

— Bien, entonces ¿dónde está la Bestia?

— Bueno… él… — Natael trató de defenderse.

— ¡¿No está contigo?!

— Es que su padre fue por él a mi casa.

— Esto no está bien. Es necesario que la Bestia esté en buenas manos, que esté a salvo.

— Estará en casa, es mejor que se quede allá…

— ¡No! — Kain estaba exaltado, nervioso y hasta molesto. — ¡La Bestia es una pieza muy importante en esta partida, si la Princesa llega y se entera de que la Bestia está en casa, se pondrá mal!

— Señor, respire un poco. — Brandy le dio unas palmaditas en la espalda a Kain y le sonrió. — Todo va a estar bien.

El líder de los vampiros respiró profundo y se tranquilizó para luego tomar a Natael por los hombros.

— Escucha, tú vienes de un hogar en donde se te quiere y se te respeta tu manera de ser. La gran mayoría de los que estamos aquí no tenemos esos privilegios, y menos aún los emo. Ellos definitivamente están mejor en la calle que en sus casas. Quién sabe qué castigos estará soportando la Bestia consentida de la Princesa.

El mensajero, como los vampiros lo llamaban, bajó la mirada frustrado, molesto consigo mismo.

La Princesa hizo acto de presencia en el parque y sus súbditos se acercaron a ella.

— Señor de los vampiros, vengo en busca de aquel a quien encomendé a mi niño.

Natael se adelantó listo para enfrentar las consecuencias.

— Princesa… Gabriel no está conmigo. — Respiró profundo y esperó una réplica acalorada como la de Kain, pero ésta nunca llegó; la Princesa le miraba en silencio esperando a que expusiera todo cuanto tenía que decir. — Yo… bueno… el padre de Gabriel fue por él a mi casa, era cerca del mediodía… Hice todo para que Gabriel se quedara conmigo pero fue en vano.

La Princesa sonrió y le acarició la mejilla.

— Haz hecho un buen trabajo. Gabriel vendrá, no se perdería por nada esta guerra.

— Lamento haber fracasado en mi misión.

— Hablaré con él y entonces veremos si en verdad fracasaste… — La chica le miró con cierto grado de incredulidad por un momento. — ¿Seguro que quieres estar con ellos? Creo que encajas bien en mis filas.

— Creo que nos pertenece. — Defendió Kain. — Es un vampiro hasta la médula.

— Sí. Supongo que sí. Bueno, — suspiró dando por terminado el tema. — que sea lo que tenga que ser. Sólo falta que llegue King con sus chicos y entonces esto se pondrá divertido.

Los líderes se sonrieron y la Princesa volvió a su banca habitual con todos sus súbditos.

 

Minutos más tarde los punk hicieron su aparición encabezados por su líder quien era secundado por Paco. King se acercó al centro del parque donde había una fuente apagada en el piso y enseguida la Princesa y Kain se acercaron también, cada uno ocupando un lado del cuadrado que formaba la fuente. El lado restante fue ocupado rápidamente por un muchacho mayor que los demás, tendría unos veintitrés años, de cabello lacio y largo hasta por debajo de los hombros, castaño claro; llevaba un short café claro hasta por debajo de las rodillas, unos zapatos tenis negros y una playera verde con la impresión de una patineta llameante, además de un par de arillos en su ceja izquierda.

— Hace mucho que no nos reuníamos. — Habló el mayor de todos los líderes. — Si no me equivoco, la última vez fue para darle el poder a la Princesa. — Hizo una reverencia educada a la jovencita y ésta sonrió complacida. — Entonces, ¿para qué nos reunimos esta vez?

— Es acerca de Paco. — Habló la Princesa viendo a los ojos de King. — ¿Sabes que ayer nos declaró la guerra a los vampiros y a los emo?

King se quedó reflexionando un momento.

— No estaba enterado. ¿Qué fue lo que pasó?

— Agredió a uno de mis niños.

— E insultó a uno de los míos. — Señaló Kain.

— Ya veo… Y luego les declaró la guerra sin más ni más, ¿no?

El corro de emos fue acercándose al grupo de góticos que esperaban pacientemente una resolución por parte de su líder.

— King, nosotros no queremos una guerra innecesaria… — Declaró la princesa

— ¿Y crees que a nosotros nos interesa volver a los tiempos en que todo era una guerra constante?

— Espero que no.

— Princesa, es obvio que desde que Anubis y el Príncipe se fueron, la paz en este lugar pende de un fino hilo. — Habló finalmente el líder de los Skaters. — Agradezco que el líder anterior de los vampiros dejara a Kain como su sucesor pero, — Kain agradeció el cumplido con un leve asentimiento. — sin ánimo de ofender, creo que tanto el Príncipe como Anubis cometieron un grave error a la hora de encontrar a un sucesor.

King se ofendió  y la Princesa se mantuvo en silencio.

— Por derecho de antigüedad soy el líder legítimo del parque, ustedes lo saben. — Los tres líderes asintieron. — Y saben también que mi mando está próximo a llegar a su final, entonces el siguiente será el ciclo de los vampiros y confío en que Kain sabrá conservar la paz.

Hizo una breve pausa que aprovechó para observar a los grupos a su alrededor.

— Mientras tanto, éste sigue siendo el ciclo de los Skaters bajo el mando de Odín y mis reglas se van a respetar.

— Tus reglas serán respetadas, Gran Maestro Odín. — La Princesa habló respetuosamente. — Guíanos tú a una solución correcta para nuestro problema.

— Entonces vamos a analizar el problema principal. ¿King?

— Tengo entendido que uno de los emo ofendió a uno de los míos.

— ¿Princesa?

— Paco ofendió a Gabriel y se burló de él, por eso Gabriel reaccionó echándole el helado encima.

— ¿Kain?

— Uno de mis vampiros se metió a defender a la Bestia, fue entonces que el individuo al que llaman Paco ofendió a mi mensajero.

— Creo que podemos arreglar esto sin necesidad de recurrir a la violencia. Líderes, llamen a los implicados.

Sin réplicas, los tres líderes fueron a sus respectivos grupos; la Princesa y Kain caminaron juntos hasta el corro de vampiros y emos que se habían juntado en la escalinata.

— Natael, ven conmigo. — Kain habló con más seriedad de la habitual y se retiró siendo seguido por el joven mensajero.

— ¿No ha llegado Gabriel? — La Princesa se puso nerviosa.

Una jovencita de cabello corto teñido de rojo y morado bajó corriendo la escalinata y murmuró al oído de la Princesa, ésta se apresuró a subir corriendo y se perdió por el pasillo que daba salida a la calle de atrás del parque.

King, Paco, Kain y Natel se acercaron al centro donde los esperaba Odín.

— ¿Qué pasa con la Princesa? — Los recién llegados buscaron a la Princesa con la vista pero no la encontraron, por el contrario, los jovencitos de ropas de colores se agitaban angustiados en la escalinata sin atreverse a subir.

Odín pidió a líderes e implicados quedarse en donde estaban y enseguida subió por la escalinata.

— Princesa, ¿qué pasa?

— Maestro, es Gabriel… — Odín salió de los dominios del parque y vio a Gabriel sentado en el piso con la bufanda manchada de sangre y un morral en la mano. El líder de los Skaters le quitó la bufanda y le levantó el rostro con cuidado.

— ¿Qué te pasó?

El rubio se abrazó del joven de cabello largo y lloró en silencio.

— Calma, todo va a estar bien. — Odín le abrazó también. — Fue tu padre ¿verdad?

El niño emo asintió abrazándose con más fuerza del líder del parque.

— Princesa, tenemos que ponerle un alto a las barbaridades que comete ese tipo. Ya ha sido suficiente sufrimiento para este niño. — La jovencita asintió preocupada. — Pide que traigan material de curación.

La Princesa corrió y dio instrucciones a sus súbditos.

Kain fue a ver qué ocurría seguido por Natael y los punk que habían sido citados al centro. Los vampiros se revolvieron inquietos a la llegada de su líder quien les pidió no moverse de su lugar hasta que todo se calmara.

— ¿Qué pasó? — Natael se acercó a Brandy.

— Ni idea, pero parece que es grave. La Princesa dio órdenes a los emo para que trajeran gasas, alcohol y agua oxigenada.

— Creemos que es la Bestia. — habló Baxter.

Natael se preocupó mucho y se puso nervioso.

— Ha sido mi culpa, no debí dejarlo ir. — se sentó en un escalón y ocultó el rostro entre sus manos.

— No es tu culpa. — Brandy se sentó a su lado. — Todavía no sabemos qué pasó, ni si es o no la Bestia.

 

Momentos más tarde Kain bajaba la escalinata abrazando a Gabriel por los hombros, cubriéndolo con su capa. Los vampiros formaron una valla para que el resto de las razas no se acercara a su líder. Natael se abrió paso hasta el señor de los góticos.

— ¡¿Qué le pasó?! — Preguntó alarmado.

— Tranquilo, está bien.

— No ha pasado nada grave así que no hace falta preocuparse. — Odín bajó con las manos llenas de gasas ensangrentadas, mismas que tiró al tacho de basura más próximo. La Princesa llevaba el morral negro y la bufanda de Gabriel en las manos.

— King, Kain, Princesa. — Odín se acercó al líder de los vampiros y los otros líderes hicieron lo mismo. — Pondré fin a este revuelo en este mismo momento. King, controla a Paco, es la segunda sanción, a la tercera será desterrado del parque. Princesa, cuide más de sus súbditos, en especial de éste, — señaló a Gabriel. — es especialmente problemático. Gabriel, esta es tu primera sanción. Sabes que está prohibido el contacto entre razas para evitar peleas. — Hizo una pausa. — Kain, gracias. — El líder de los vampiros asintió con cortesía. — Se acabó, señores, dispérsense, vienen los verdugos.

No tuvo que repetirlo, instantáneamente todos salieron del parque, la reunión de esa noche había llegado a su fin.

La Princesa, Natael y Kain quien aún sostenía a Gabriel, se perdieron por el pasillo en el que habían encontrado a Gabriel minutos antes.

— Es bueno saber que no hubo necesidad de pelear. — habló Kain sentando a Gabriel en una jardinera.

La Princesa suspiró agotada.

— Yo debo perderme antes de que vengan los esbirros, no me tienen con buenos ojos. Y ustedes deberían hacer lo mismo. — sin decir más, el líder de los vampiros se perdió en la oscuridad calle arriba.

— ¿Qué quiso decir con “esbirros”? — preguntó Natael confundido, sentándose al lado de Gabriel y abrazándolo.

— Se refiere a los policías. — Contestó la Princesa.

— Ah… Entonces debemos irnos también, ya han sido muchos problemas por hoy.

— Estoy de acuerdo. Vamos, los acompañaré. — Le tendió la mano a Gabriel pero éste simplemente se hizo un ovillo y se acurrucó más contra el pecho de Natael. — Se quedará en tu casa.

— Bien, yo vivo a tres calles de aquí. — El muchacho asió al rubio por los hombros y éste se abrazó de su cuello. Emprendieron la caminata hasta la casa del mayor, en silencio, ninguno tenía ánimos para decir nada.

 

Al llegar, la Princesa abrió la reja, esperó a que los muchachos pasaran y cerró tras ellos.

— Traigo la llave en el bolsillo. — Apuntó Natael y la chica metió la mano y extrajo las llaves. — Es la cuadrada de color cobre.

La muchachita metió la llave indicada, abrió la puerta y les dejó el camino libre.

— Ven, pasa.

— No, ya es tarde, debo irme. — Puso las llaves en el pequeño clavijero de la entrada, la bufanda y el morral los dejó en la mesita donde se guardaban los arcanos y se despidió. — Cuídalo bien. Mañana no vengan al parque, debe descansar.

— De acuerdo.

La Princesa cerró la puerta tras de sí.

— ¿Natael? — Gloria bajó corriendo al encuentro de su hijo. — ¡Santo Dios! ¡¿Qué le pasó?! — Se apresuró a revisar a Gabriel.

— Cuando llegó al parque ya estaba así.

— Tenemos que avisarle…

— ¡No! — Natael interrumpió a su madre con dureza. — No le digas nada a nadie, por favor. No quiero que nadie sepa que Gabriel está aquí.

— ¿Por qué?

— Sólo confía en mí. Mañana hablaremos. — Tomó las cosas de Gabriel y subió las escaleras ayudando al rubio.


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